"Jarhead, el infierno espera"
Sinopsis
En el verano de 1990, Anthony Swofford, un chico de 20 años que, al igual que su padre y su abuelo, se había alistado en los marines, llegó al desierto de Arabia Saudí para luchar en la primera guerra del Golfo.
En 2003 publicó "Jarhead", un libro de memorias de esa época que no tardó en convertirse en un best seller. Anthony Swofford escribía con la urgencia, la inmediatez, la honradez y el humor que sólo puede tener la persona que haya vivido la experiencia en carne propia.
La novela se mantuvo durante nueve semanas seguidas en la lista de best sellers de "The New York Times" y fue aclamada como "un auténtico clásico... un libro de memorias llenas de vida de la guerra del Golfo de 1991 que será recordado como uno de los mejores acerca de la vida militar. Una época salvaje conocida por millones de hombres jóvenes de la que no suele hablarse en detalle".
Esa historia sin pulir, contada por un chico de veinte años, tenía poco que ver con lo que ofrecían los periódicos o la televisión. Describía una guerra vista desde el suelo con las imágenes de pozos de petróleo ardiendo en la noche, cual cometas caídos desde el cielo; hablaba de reclutas ruidosos, cachondos, polvorientos, llenos de entusiasmo y, al mismo tiempo, atemorizados ante la idea de que la batalla podía sorprenderles detrás de la siguiente colina; de chicos jóvenes a los que habían dejado caer en un terreno inhóspito que mataban el tiempo jugando al fútbol con las máscaras antigás puestas, mientras esperaban paquetes de casa, cartas y revistas porno, apostando en combates de escorpiones y emborrachándose para celebrar la Navidad.
Sin embargo, en esta situación infernal nacieron amistades improbables, lealtades eternas, una camaradería que nada podría romper, la hermandad de los "jardheas" que se habían jurado fidelidad eterna.
Notas de producción
Reclutando al equipo técnico
"Cuando leí la novela, lo que más me conmovió fue que daba una visión de la guerra de alguien muy específico: un joven que intentaba descubrir quién era. Me cautivó la mezcla de machismo, comedia, surrealismo y observación irónica", recuerda el director Sam Mendes, hablando de la novela "Jarhead". "Era una novela de guerra diferente de todas las demás, hablaba de una guerra diferente de todas las demás, y quizá se convertiría en una película de guerra diferente de todas las demás".
"Aunque sea la misma guerra, es diferente para cada marine, cada pelotón, cada batallón. Me interesaba hacer una película acerca de este individuo fascinante y de cómo le formaron sus experiencias en esa guerra".
"Lo que más recordamos de la guerra del Golfo", dice el director, "son esas imágenes muy nítidas de unas pequeñas bombas cayendo en pueblos de juguete, imágenes vacías de vida. El soldado que está en el suelo no tiene ni idea de lo que pasa. Me interesaba ver la guerra desde el punto de vista de ese soldado porque es exactamente lo que no se nos permitió ver en esa guerra. La experiencia de Tony en el desierto da la vuelta a lo que nos parecía normal, como si Salinger se ocupara de la guerra del Golfo".
El best seller de Anthony Swofford acerca de la vida de un marine a principios de los noventa ha sido aclamado por varias razones, pero sobre todo por la dolorosa honradez y la irreverencia con que el narrador veía el mundo; las observaciones de un soldado de tercera generación (fue concebido en 1969 durante un permiso que tuvo su padre en plena guerra de Vietnam) de la maquinaria de guerra que le rodeaba. En lugar de la clásica imagen de héroes limpios y bien uniformados entregados a la causa, nos muestra a jóvenes reclutas sudando en el desierto, apasionados por el rock, con una fuerte predilección por la pornografía y una creciente e insatisfecha sed de sangre. Entrenados para matar y depositados en un paisaje desértico, inhóspito y surrealista, los jóvenes marines convertidos en supermachos, sin ningún enemigo contra el que luchar, se entregan al alcohol y a reírse de cualquiera, desde sus oficiales a las personas a las que deben liberar. Narra la historia un joven que, en principio, se sentiría mejor leyendo a Camus que ajustándose a las duras realidades de la vida de un "jarhead".
"Si quería contar una historia acerca de la guerra del Golfo, tenía que ser la mía", nos dice Anthony Swofford. "Me alisté en el Cuerpo de Marines en diciembre de 1988, tenía 18 años. Es un Cuerpo muy atractivo para algunos jóvenes. Una vez dentro, vi a un grupo que tenía mejores rifles y mejor equipo en general. Eran los tiradores de élite, les rodeaba un halo místico".
Anthony Swofford tuvo la oportunidad de pasar de simple soldado a tirador de élite en el pelotón STA. "El soldado de a pie puede disparar 15.000 balas, pero el tirador de élite está dispuesto a morir por un solo tiro perfecto. Estaba enganchado".
Los productores Lucy Fisher y Doug Wick compraron los derechos de la novela casi al publicarse, convencidos de que el material no envejecería gracias a la singularidad de la dolorosa y divertida narrativa del autor. Su opinión se vio reafirmada por las experiencias del guionista William Broyles, que había sido marine en Vietnam.
Con un hijo en el ejército, el guionista no pudo menos que identificarse con la historia, como padre de un joven soldado y como persona que había catado el combate. Nos dice: "La generación de Tony lo tenía más claro. No sé por qué, pero todos querían ir allí. A nosotros nos reclutaron. Cuando llegué a Vietnam en 1969, no entendíamos qué hacíamos allí".
"Cuando hablé con Bill acerca de la adaptación de la novela, me explicó que sabía por sus vivencias en Vietnam que el compañerismo de los marines no se olvida nunca", nos dice el productor Doug Wick. "Me sorprendió oír a este sofisticado guionista, que había estado en el ejército hacía casi 40 años, decir que siempre sería un marine, que se sentía unido para siempre a sus compañeros. Me convenció de que merecía la pena contar esta historia".
William Broyles añade: "Cuando volví de Vietnam, echaba de menos tener un arma. Hay una especie de conexión primitiva con el arma, como el vaquero con el caballo. Cuando un vaquero se baja del caballo, anda con las piernas arqueadas porque forman un todo. Lo mismo pasa con el soldado y el rifle".
Según la novela de Anthony Swofford y los recuerdos de William Broyles, los soldados en tiempos de guerra experimentan algo imposible de entender para la mayoría de civiles, un subidón de adrenalina constante procedente de la intensidad con la que viven, desde la aparente monotonía de los entrenamientos a las batallas de verdad. Para ellos, películas como "Apocalypse Now", "Platoon" o "La chaqueta metálica" son auténticos afrodisíacos que incrementan sus ganas de luchar. Estos temas, además de la historia contada por Anthony Swoff, complicaban mucho la adaptación cinematográfica.
Lucy Fisher nos dice: "Es un libro único tanto por su estilo como por su contenido. Éramos conscientes de que necesitaríamos auténticos talentos para pasarlo al cine. Es una obra muy literaria, una historia acerca de la madurez en medio del caos, con momentos aterradores y otros muy divertidos. Después de que Bill hiciera una primera adaptación en la que basarnos, nos pusimos en contacto con Sam Mendes, el único director que, a nuestro entender, tenía la visión suficiente para realizarla. Queríamos a alguien con la inteligencia necesaria para tratar el tema con seriedad sin olvidar esos momentos cómicos, y Sam lo ha hecho de forma brillante". Doug Wick añade: "Si `American Beauty´ equivale a la visita de Sam Mendes a la vida suburbana, `Jarhead´ equivale a American Beauty se va a la guerra".
En opinión de Lucy Fisher: "Sam tiene mucho estilo, es un gran humanista. El hecho de que apenas viéramos el lado humano de aquella guerra le brindaba una oportunidad creativa única. Lo más extraño es que se vieran tan pocas imágenes de la guerra en televisión, periódicos o revistas. En esta película hay imágenes nunca vistas".
"Creo que hace falta tiempo y percepción para empezar a entender por lo que uno ha pasado, sobre todo si se trata de una experiencia tan sísmica como la guerra", nos dice Sam Mendes. "Suele ocurrir con los acontecimientos bélicos de importancia; hace falta cierta distancia para entenderlos. La guerra del Golfo es algo muy diferente ahora de lo que nos parecía entonces".
Vista a través de la lente de los medios de comunicación de la época, la Operación Tormenta del Desierto parecía la guerra perfecta, si existiera tal incongruencia. Y como tal, fue una experiencia totalmente nueva, incluso para el soldado más veterano.
Sam Mendes sigue diciendo: "Me fascina saber que pasaron entre diez y doce años hasta que empezaron a escribir sus recuerdos. No queda más remedio que preguntarse por qué no lo hicieron inmediatamente después, por qué tardaron tanto. Puede que, en la época, casi no les pareciera una guerra, pero con el tiempo se hizo más interesante. Creo que ahora nos damos cuenta de su significado histórico. La intensidad de aquella experiencia tiene mucho que decirnos acerca de lo que está pasando ahora".
Sam Mendes y William Broyles trabajaron mucho en el guión, puliendo la historia de Swofford a partir de los episodios no consecutivos de las memorias y concentrándose sobre todo en el periodo de entrenamiento y en el desierto. Anthony Swofford llegó al desierto el 14 de agosto de 1994, dos días después de cumplir 20 años. Su batallón fue una de las primeras unidades en llegar al Golfo y fue posicionado en el desierto donde cavaron sus defensas y esperaron a que empezara la batalla.
Sam Mendes nos dice: "Hemos intentado recoger los sentimientos, las impresiones, la versión subjetiva de los acontecimientos para ofrecer una visión diferente de la guerra". William Broyles añade: "Nuestra historia no tiene nada de romántica, es apolítica. Habla de jóvenes que se alistaron en el Cuerpo de Marines intentando encontrar un sitio en la vida".
Reclutando al pelotón
"Había leído la novela en un avión y me había emocionado porque carecía de los habituales lugares comunes de las historias de guerra", recuerda Jake Gyllenhaal. "Cuando Sam me dio el guión, me dijo que Bill había luchado en Vietnam. Sinceramente, eso me preocupó".
"En mi opinión, Vietnam era de otra generación. Fue una guerra en la que toda una generación estuvo involucrada de un modo u otro. Yo tenía 11 años cuando se declaró la guerra del Golfo, pero es algo distante. No es para nada la misma experiencia que tuvo la generación de la guerra de Vietnam".
Pero la preocupación del actor desapareció en cuanto leyó la adaptación que había realizado William Broyles de las memorias de Anthony Swofford. Estaba impaciente por interpretar al autor, pero descubrió que debería esperar un poco.
Después de la primera prueba que le pidió Sam Mendes, Jake Gyllenhaal tuvo la horrible impresión de que no le había salido bien. A los pocos meses, cuando se enteró de que el director había convocado a otros actores, dejó un mensaje apasionado en el buzón de voz de Sam Mendes: "Haré lo que quieras, pero soy el que buscas". Un mes después, el director le llamó para decirle que el papel era suyo.
No sólo creyó erróneamente que no había conseguido el papel, tampoco se dio cuenta de las transformaciones, físicas y mentales, que requería. "Cuando nos raparon el pelo al estilo `jarhead´ me sentí muy raro", recuerda el actor. "Pero no era una mala sensación. Creo que a Swoff le gusta mantenerse un poco apartado. Forma parte del equipo, pero también observa. Sam creó la atmósfera adecuada para que me sintiera parte del pelotón y también pudiera observarlos".
Peter Sarsgaard, que interpreta a Troy, el amigo y compañero de Swoff, dice: "La razón principal por la que quería trabajar en esta película es porque me pareció que reconocía la dureza que implica una guerra. Algo de eso nos ha enseñado esta película, pero claro, sólo somos actores".
"Creo que lo más difícil era enfrentarnos a los elementos. O nos helábamos, calados hasta los huesos durante doce horas seguidas, o nos asábamos. No hay nada como intentar avanzar en una tormenta de arena con todo el equipo de combate. Pero no voy a quejarme cuando los auténticos soldados lo hacen durante meses y se enfrentan a balas de verdad".
Otro aspecto de la guerra del Golfo, y de cualquiera guerra previa a la incorporación de mujeres en el ejército, es la ausencia de mujeres. "He tenido experiencias maravillosas con otros grupos de actores", recuerda Peter Sarsgaard, "pero hay algo único en trabajar en un grupo casi exclusivamente masculino. En el equipo no había más que un par de mujeres. Incluso los de peluquería y maquillaje eran hombres".
"Sinceramente, creo que todos acabamos hartos", dice riendo. "En cuanto se reúnen unos cuantos tíos, los comentarios se ponen muy verdes y cansan a cualquiera. Tienen que ver con violencia y sexo, ya está. Luego, siempre se forman grupos. De todos los rodajes en los que he estado, éste es donde ha habido más discusiones y más afecto".
Jamie Foxx, que interpreta al líder del pelotón, no se mezclaba mucho con los soldados. "Me pareció perfecto que Jamie Foxx fuera el sargento", nos dice Jake Gyllenhaal. "Todo el mundo le respeta como actor. No se mezcla con los chicos, juega al ajedrez entre toma y toma. Todos intentamos ganarle, pero fue imposible. Era fácil creerse que Jamie era nuestro líder, era casi instintivo".
Jamie Foxx nos dice: "Una de las primeras cosas que nos dijo Sam fue que leyéramos la novela, pero que tuviéramos en cuenta que la película sería diferente. El libro habla de cómo un hombre se siente afectado por la guerra. La película enseña el punto de vista de todos, y yo estoy con los marines".
Antes de empezar a rodar, el actor habló con un amigo que está en los marines. "Es afroamericano, lo que significa que siempre ha tenido que trabajar y esforzarse más. Pero me dijo que cuando eres marine, el Cuerpo es tu familia. El único color es el del uniforme. No se sobrevive sin compañerismo".
Otro actor premiado por la Academia, Chris Cooper, encarna al inteligente y carismático teniente coronel Kazinski que lidera a sus hombres como si fuera un presentador de combates de boxeo en Las Vegas. Sabe cómo motivarles, pero debajo de la palabrería se esconde un soldado astuto con cicatrices y medallas.
"Un grupo de jóvenes soldados, en una situación de peligro, siempre mira hacía su líder. Saben cuándo se les engaña", nos dice Chris Cooper. "Kazinski sabe motivarles y sabe que un buen oficial tiene diferentes personalidades. Sabe cuándo ser un amigo, una figura paternal o cuándo dar órdenes. Se siente responsable de las vidas de sus hombres; por lo tanto, debe ser inteligente y hábil si quiere ayudarlos. Por eso me pareció un personaje interesante".
El sargento Sykes, interpretado por Jamie Foxx, representa al militar cuya fe en el Cuerpo es inquebrantable, es la brújula con la que se guía. Lo mismo le pasa al teniente coronel Kazinski. Pero para los marines que están a su mando, la vida tiene muchos matices de grises entre el blanco y el negro.
Lucas Black es Chris Kruger, el rebelde de la compañía, el único que parece preocuparse por la política y por qué están metidos en esa guerra. "A mi personaje le gusta gastar bromas, intenta sacar a la gente de quicio haciéndoles preguntas", nos explica el actor. "Sabe lo que está pasando y le gusta hacer pensar a la gente". El carácter de Kruger queda aún más claro cuando entregan al pelotón pastillas contra un posible ataque con armas biológicas. Después de asegurarse de que el ejército todavía no ha probado la droga, es el único que no se traga la pastilla.
Los demás soldados reflejan los diferentes caracteres en cualquier pelotón: Evan Jones interpreta al bocazas Fowler; Brian Geraghty es el tímido e inadaptado Fergus O’Donnell; Jacob Vargas es Cortez, un combatiente entregado; y Laz Alonso es el imponente Escobar, un cubano americano.
Sam Mendes quería que los actores se familiarizaran al máximo con la vida de los marines a pesar de las restricciones temporales impuestas por la producción.
Antes de empezar el rodaje, precedido por tres semanas de ensayos, los trece actores que formaban el pelotón pasaron por un entrenamiento básico de cuatro días en la base aérea de George, adiestrados por el sargento primero James Dever, que había asesorado previamente la filmación de amplias operaciones militares en películas como "El último samurai" y "Cuando éramos soldados".
"Vivimos en tiendas de campaña, las mismas que usan en el desierto, y dormimos en camastros", nos dice James Dever. "Me aseguré de que tuvieran el mismo adiestramiento que los marines antes de ir al desierto. Pasaron por un entrenamiento básico, aunque muy reducido. Los actores estaban muy motivados". "El primer día, les entregamos el equipo y les enseñamos a ponérselo, dónde colocar la munición, cosas de ese tipo. Nada de andar, les hacíamos correr. Realizaron marchas con mochilas cargadas, ejercicios y maniobras. Les enseñamos cómo ponerse los trajes protectores y las máscaras. Fue duro, pero nadie se quejó. Todo fue a marcha rápida".
"Quería que supieran lo que era", nos explica Sam Mendes. "Claro que no era comparable al entrenamiento de un marine. No tienen ni idea de lo que es ser un marine, yo tampoco, pero obtuvieron ciertos conocimientos que les permitieron interpretar correctamente a los marines".
Y añade: "Desde luego, les pedí más físicamente de lo que suele pedirse a un actor, pero porque era una interpretación muy física. Debían expresar dolor, agotamiento, el calor que sentían. En ningún momento les empujé hasta agotarles físicamente, pero quería que fueran un poco más lejos de lo habitual". El director es consciente de que el tema, el escenario, la testosterona y la entrega fue una experiencia intensa para todos los participantes. "Creo que algo pasó con los actores durante este rodaje y que les acompañó cuando terminamos. Me parece que se sintieron profundamente afectados por la despersonalización que se sufre en el ejército. Creo que hay personas que buscan exactamente eso, formar parte de un equipo, ser parte de algo mayor que ellos mismos, perderse en un gran objetivo, pero me parece que es exactamente lo opuesto de lo que busca un actor".
Sigue diciendo: "Creo que la oposición entre estos dos sentimientos contrapuestos tuvo mucho que ver con todo el rodaje. Hizo que cada interpretación se convirtiera en una lucha por el individualismo dentro del contexto del grupo. Quería sorprender a los actores y que fuera un recorrido salpicado de descubrimientos. En mi opinión, ha sido un experimento fascinante para todos".
Sam Mendes concluye diciendo: "Es muy difícil para la mayoría olvidar su lugar en el mundo, ponerlo de lado y convertirse en un mero cuerpo; después de todo, durante una guerra, no se es más que eso. Es la razón por la que los soldados se parecen tanto, porque básicamente, son el mismo. Hay que saber dónde mirar para encontrar algo que diferencie a un marine de otro, no llevan placas con sus nombres, no hay nada, todos se parecen. Es algo profundamente arraigado en el Cuerpo de Marines. Sinceramente, me cuesta entenderlo, pero lo admiro porque me parece muy generoso".
Bienvenidos a la producción
Dado que era imposible rodar en el auténtico escenario donde transcurre la historia que vivió Anthony Swofford en 1990, los productores buscaron decorados naturales adecuados para "Jarhead, el infierno espera".
El rodaje empezó en los platós de Universal Studios y acabó cinco meses más tarde en pleno desierto de Glamis, California.
"La mayor nota irónica de la película", recuerda Sam Mendes, "es que el rodaje duró cinco meses, exactamente el mismo tiempo que el pelotón de Tony estuvo en el desierto".
Los primeros exteriores se rodaron en la Base George perteneciente a las Fuerzas Aéreas. Esta enorme base, que fue cerrada por el BRAC (Reasignación y cierre de bases) a principios de los años 90, sigue albergando operaciones militares.
Sirvió de telón de fondo para rodar a las tropas subiendo a los aviones que las llevarían al Golfo, entre otras escenas.
Cuando se trata de recrear acontecimientos históricos, cualquier producción corre el riesgo de construir una pieza de museo o de modificar la realidad de acuerdo con las modas actuales. El equipo del filme no estaba dispuesto a aceptar ninguna de estas opciones. Uno de los mayores retos fue recrear las escenas bélicas. La guerra del Golfo se basó mayormente en máquinas de guerra, pero el ejército no estaba dispuesto a cooperar tan de cerca con la película. A pesar de que salió mucho en los medios de comunicación de la época, muy poca gente está familiarizada con los detalles de lo que ocurrió realmente.
"Al intentar ajustarse a la realidad, existe el riesgo de perder el sentimiento", nos dice Douglas Wick. "Cuidamos mucho los detalles. Teníamos asesores militares, como el sargento primero James Dever; a Dennis Gassner, uno de los mejores diseñadores de producción del mundo; y a un gran diseñador de vestuario como Albert Wolsky. Pero el gran reto era recrear el sentimiento del momento".
Sam Mendes, el director, nos dice: "Los marines pasaron por experiencias muy duras en 1990. Les sometieron a entrenamientos muy intensos antes de mandarles a un paisaje lunar en medio del desierto. Se sentían totalmente cortados del resto del mundo, pero quizá más cercanos a ellos mismos. No esperaban en absoluto una guerra así. Tenían el concepto de la guerra que tiene cualquier chico. Lo que sí sé, a pesar de no haber estado en una guerra, es que la guerra no se parece a lo que uno espera. Es más rápida o más lenta, es más violenta o menos violenta. Aparece inesperadamente en medio de la noche y golpea cuando uno menos lo espera. Lo que cuenta Tony es exactamente eso".
El equipo dejó la Base George en Victorville para ir al aeropuerto de Hotville, situado al este de la ciudad de El Centro en el condado más meridional de California. Allí se construyó el campamento base de Arabia Saudí y la carretera entre Kuwait City y Basorah, "la carretera de la muerte", como la llamaban entonces debido a las decenas de cuerpos quemados de soldados y civiles iraquíes esparcidos por el asfalto. Al ser la única arteria nort- sur, se convirtió en blanco del ejército estadounidense.
Allí se rodó la escena en que la unidad de Swoff aguanta el fuego "amigo" de un F-14 (alquilado). Al equipo no le quedó más remedio que aguantar la cercanía del reactor encima de sus cabezas. Pero ése no fue el único inconveniente. Los Blue Angels de la Marina aprovecharon para realizar unos vuelos imprevistos mientras se rodaba. Además, el equipo y los actores vivieron en carne propia auténticas tormentas de arena.
Desde California, el equipo se trasladó a México, a unos 130 kilómetros, hasta unas llanuras salinas de la Baja California, una zona escogida por Sam Mendes porque es muy plana, extensa y da una sensación de infinitud.
"Nos fuimos a esas llanuras porque tienen la ventaja de ofrecer una panorámica de 270 grados de un desierto surrealista sin fin que encaja perfectamente en la película", nos dice el productor ejecutivo Sam Mercer. "Sólo podíamos quedarnos allí dos semanas y había mucho que rodar. Ya llevábamos diez semanas rodando. El decorado ofrecía una serie de retos, desde cruzar la frontera con un equipo de 350 personas, hasta mantener la moral alta, o aguantar una hora y media de viaje para llegar al lugar de rodaje que estaba a 11 kilómetros de una carretera asfaltada".
"Pero el mayor reto fue convertir el lugar en un plató de rodaje. No sólo se trataba de construir los decorados, también había que prever la infraestructura para los actores y el equipo, una carretera, agua, electricidad. Se convirtió en una auténtica operación militar".
Para colmo de males, empezó a llover, algo inaudito en Baja California. "No podíamos predecir que El Niño haría de las suyas", nos dice Sam Mercer. "El tiempo retrasó mucho la construcción de los decorados. La llanura, normalmente muy dura, se convirtió en un barrizal. La lluvia destruía los decorados, los bulldozers se quedaban atascados, fue realmente horrible. Por suerte, el sol salió el fin de semana anterior al rodaje, secó el suelo y todo se arregló".
El rodaje fue todo un reto desde el punto de vista creativo y logístico. El director Sam Mendes quería mostrar una guerra, que sólo se había visto desde el aire, desde el punto de vista de la infantería. Para conseguirlo, pidió la colaboración de Roger Deakins, el director de fotografía nominado a cinco Oscar, para que imprimiera a la película un estilo que no sólo comunicase el caos del combate, sino también la intimidad de las misiones compartidas, la motivación y las dudas entre un grupo de hombres tan diferentes.
"Ha sido una experiencia muy interesante porque he tenido que deshacerme de muchos estilos que usé en mis dos películas anteriores". "Roger Deakins y yo decidimos que rodar cámara en mano daría mayor fluidez e improvisación a la película. Roger es tan hábil que es capaz de seguir el movimiento de una escena sin necesidad de imponer marcas a los actores. Fue una gran ayuda para obtener mayor fluidez".
"`En American Beauty´ usé imágenes y composiciones muy al estilo de Magritte. En esta película, apenas tenía composiciones pictóricas antes de empezar el rodaje. Durante los ensayos, me di cuenta de que se creaba una especie de energía, de fuerza vital. Pensé que debíamos responder a eso y que nada debía estar predeterminado. Disfruté muchísimo". Sam Mendes y Roger Deakins usaron una de las técnicas más antiguas del cine, el punto de vista.
"No hay parcialidad. Evité las tomas generales", nos explica el director. "El punto de partida era Swoff o sus acciones. Partíamos desde un plano corto de él o entrábamos en una escena con él, con lo que veía. He viajado a través de un personaje más que a través de la mirada fría y distante del objetivo". Con el fin de reforzar la sensación de que la historia se cuenta desde el punto de vista de la infantería, no se ve nada que no puedan ver los soldados. Sam Mendes nos dice: "No hay tomas desde arriba, desde una grúa, un helicóptero, en las que se ve la inmensidad del desierto y unas hormigas avanzando. Todo está filmado desde la perspectiva de un hombre, casi no hay travellings. Los cámaras se mueven con los actores, a la misma velocidad, cada movimiento tiene su razón de ser".
A la hora de montar la película, el montador Walter Murch, ganador de un Oscar, se entregó a la tarea: "Me sorprendió la peculiaridad de esa guerra. Era una descripción auténtica, se metía en la situación en que se encontraban los soldados. La película tiene una gran variedad de tonos y me atrajo mucho desde el principio. Quería subrayar todo eso, el humor, la violencia, la seriedad, y crear la mayor gama posible".
Walter Murch regresó al pasado durante una secuencia. "El libro y la película contienen un fragmento de Apocalypse Now, una película en la que trabajé hace 27 años. Los soldados la están viendo, cantan, se saben los diálogos de memoria. Es interesante encontrarse a ambos lados del túnel".
Durante la posproducción, los artistas de efectos especiales del mundialmente famoso estudio ILM fueron los encargados de crear los efectos que no pudieron obtenerse durante el rodaje. Sam Mendes, empeñado en mantener el punto de vista sujetivo de Swofford, explicó al supervisor de efectos visuales Pablo Helman y a su equipo de 80 personas que los efectos especiales debían ser "invisibles". Ya que en ningún momento la película se acerca al género épico, era necesario que cualquier tipo de efecto especial, desde los pozos de petróleo ardiendo, pasando por los combates de escorpiones o los marcajes rituales, hasta los soldados descargando sus armas en el cielo nocturno, se realizaran a escala humana, tal como los vio el narrador.
Pablo Helman nos dice: "Sam tiene una idea muy particular de los efectos visuales, no quiere que dejen a nadie boquiabierto. En esta película, sirvieron sobre todo para recrear una atmósfera específica. Es un hombre muy meticuloso; quiere saber por dónde saldrá el humo, dónde estará un matorral. Probablemente se deba a que viene del teatro. En el escenario, es muy importante crear una ilusión de realidad y que el público se lo crea, porque no hay nada real".
Para empezar, se rodó en invierno y los paisajes desérticos se habían convertido en verdes praderas. Había que borrar cualquier planta que fuera extraña a los desiertos del Oriente Próximo.
Las escenas en que los aviones civiles dejan a los marines en Arabia Saudí necesitaban más que eso (aunque hubo que borrar una fábrica humeante). Los paisajes originales fueron sustituidos por desiertos, se alargaron las pistas y se llenaron de aviones, tropas y vehículos que no estaban durante la filmación. El resultado final fue una combinación entre el plano original, un fondo digital, fotos de aviones reales y de maquetas.
Para recrear las escenas dantescas de los pozos de petróleo ardiendo –en algunos casos, las llamas alcanzaban los 120 metros de altura– se rodó un pozo en llamas desde diversos ángulos y distancias para poder crear tres incendios diferentes. Cuando los hombres avanzan hacia los pozos, éstos arden a plena luz. Pero según se acercan, el humo y la lluvia de crudo oscurecen el sol, como si se tratara de una tormenta. Por fin, al atardecer, las siluetas de los soldados se recortan delante de los gigantescos incendios y del espeso humo que parece una niebla densa.
Se usaron diversas técnicas para crear las escenas finales de las tropas cada vez más cerca de los pozos en llamas. Se incrementaron las llamas y se añadieron postes eléctricos (para que el espectador tuviera una escala comparativa) creados digitalmente y carcasas de vehículos quemados a las escenas diurnas. La arena oscurecida por el crudo se extendió más allá del horizonte y se colocaron charcos de crudo que reflejaban la luz. Las escenas correspondientes al atardecer se intensificaron digitalmente envolviéndolas en un manto de humo y de lluvia de crudo. En cuanto a las escenas nocturnas, la acción fue rodada a contraluz delante de numerosos focos naranjas que fueron borrados posteriormente, dejando únicamente el movimiento de la luz. A continuación, se añadió humo, llamas y filmaciones de nubes en un cielo nocturno iluminado por petróleo ardiendo.
Otros efectos visuales incluyen una torre de control aéreo que explota en pedazos bajo el ataque de aviones de guerra; quemar las siglas USMC (Cuerpo de Marines de Estados Unidos) en la carne de un soldado valiente; la lucha a muerte entre dos escorpiones; y el humo y chispas producidas por un grupo de marines descargando sus rifles al cielo.
Además de los efectos visuales, la atmósfera del filme también cobra más fuerza a través de una banda sonora muy cuidada. La influencia de Vietnam está presente con unos cuantos temas: "Break on Through", de The Doors y "Bang a Gong" de T. Rex. Pero, al ser jóvenes de principios de los 90, también escuchan, bailan y cantan temas de su época: "Houses in Motion", de Talking Heads, "Gonna Make You Sweat", de C+C Music Factory, "OPP", de Naughty by Nature, "Ball & Chain", de Social Distortion, y "Fight the Power" de Public Enemy.
El objetivo era conseguir una película contada por los marines en vez de una película acerca de los marines. Anthony Swofford lo resume a la perfección cuando dice: "La vida del soldado es muy diferente de lo que cree la gente. Está compuesta por una mezcla de aburrimiento, entusiasmo, miedo, anhelo y tristeza. Pero hay cosas muy importantes en la vida diaria, como los amigos que echan una mano con una carta de amor, las historias que se cuentan, los que las escuchan".
Y concluye diciendo: "Gracias a esos pequeños detalles el espectador descubrirá que esos jóvenes enviados al frente son vulnerables, afectuosos y, a la vez, duros y ordinarios. Son humanos, tienen defectos, y trabajan para nosotros".
Anthony Swofford - El novelista habla de la película
Cuando terminé de escribir "Jarhead" en el verano de 2002, hablé con Ron Bernstein, mi agente en Los Ángeles, de la posibilidad de una adaptación cinematográfica. Las reacciones fueron positivas, pero nadie quería arriesgarse con otra guerra a la vuelta de la esquina.
En abril de 2003 fui a Los Ángeles con ocasión de la feria del libro y me reuní con Douglas Wick. Vive muy cerca del hotel donde me hospedaba y se presentó con su bicicleta de tres velocidades. Me pareció genial, atrevido e inteligente. Yo quería que alguien genial, atrevido e inteligente produjera la película.
Al poco tiempo, me reuní a Bill Broyles, del que conocía y admiraba el trabajo. Me di cuenta de que se sabía el libro de memoria y los tres estábamos de acuerdo en qué escenas debían conservarse en la película. Me lo pasé muy bien leyendo los borradores de Bill e incluso decidí aprender el arte del guionista a través de lo que me enviaba.
En mayo de 2004, Sam Mendes aceptó dirigir la película. Yo estaba entusiasmado. Me habían encantado sus dos películas, me parecía un gran narrador de historias. Ese mismo mes, pasamos un día en Nueva York con Bill. Sam era una auténtica esponja, preguntándome por detalles, acontecimientos que no estaban incluidos en el libro, o por los personajes. El entusiasmo de Sam era contagioso.
Ese mismo verano, Sam escogió a Jake Gyllenhaal para el papel de Swoff, lo que me pareció una perfecta elección. Me había gustado mucho en Donnie Darko y The Good Girl. Estaba convencido de que sabría capturar la sed de sangre y la angustia del soldado al que mandan al frente.
Pasé por el plató durante la última semana de ensayos y me presentaron a Jake. Estaba decidido a interpretar el papel con intensidad y autenticidad. Al ver a los otros actores intenté adivinar qué papel haría cada uno. Oyendo sus comentarios, sus bromas, vi que eran perfectos.
No fui al rodaje. Sam y yo no lo habíamos hablado, pero no me gustaría que mi agente se presentara cuando estoy escribiendo, y menos un lector.
Sam me enseñó la película en agosto de 2005. No tardé mucho en acostumbrarme a que un actor se llamara Swofford. Reconocí la historia, el estilo intenso de la narrativa, los toques más sutiles y psicológicos que subrayan e intensifican la experiencia bélica de Swoff y sus compañeros. En la guerra auténtica sólo se trata de ganar, pero la guerra en el arte habla de sentimientos, emociones y sensaciones explosivas, de belleza.
Ficha
Ficha Técnica
Título original: "Jarhead"
País y año: Estados Unidos, 2005
Dirección: Sam Mendes
Duración: 123 minutos
Guión: William Broyles; basado en el libro de Anthony Swofford
Producción: Douglas Wick y Lucy Fisher
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins
Montaje: Walter Murch
Diseño de producción: Dennis Gassner
Vestuario: Albert Wolsky
Ficha Artística
Tony "Swoff" Swofford: Jake Gyllenhaal
Allen Troy: Peter Sarsgaard
Chris Kruger: Lucas Black
Sargento Sykes: Jamie Foxx
Teniente Coronel Kazinski: Chris Cooper
Fowler: Evan Jones
Fergus O´Donnell: Brian Geraghty
Cortez: Jacob Vargas
Escobar: Laz Alonso
Fecha de estreno en España: 5 de enero de 2006
Enlaces
- Página Oficial de la película: www.jarheadmovie.com
Fuente: UIP
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