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"Hormigas en la boca"
Estamos en la Cuba de 1958, poco antes de la revolución de Castro, cuando La Habana era una ciudad que deslumbraba por su modernidad y riqueza a cualquier visitante y la corrupción en las altas instancias era moneda corriente; un paraíso para vividores, mafiosos y tipos que buscaban dinero fácil. Hasta allí llega un español recién salido de la cárcel en busca de una mujer y el botín de un atraco ocurrido hace diez años. Amor, traición, ansias de venganza y la necesidad de muchas respuestas es lo que mueve al protagonista de este thriller con el que Mariano Barroso regresa a los terrenos del cine policíaco, un género que conoce bien y que le ha servido para demostrar su talento, con películas tan interesantes como "Mi hermano del alma" (1993), "Extasis" (1996) y "Los lobos de Washington" (1999).
En todos esos títulos Barroso hace gala de un gran dominio en la dirección de actores, consiguiendo algunas de las mejores interpretaciones que hayamos visto de Javier Bardem, Juanjo Puigcorbé o el propio Eduard Fernández, quien es ahora protagonista absoluto de "Hormigas en la boca"; en ese sentido, las actuaciones de su última película son uno de los elementos más destacables; Fernández vuelve a lucirse con uno de esos personajes cargados de autodeterminación, un individuo que actúa contra viento y marea y que está dispuesto a llegar hasta el fín -recordemos al fumador de "Smoking Room" o al guardaespaldas de "La voz de su amo"-; le sienta bien ese carácter en la pantalla y logra otra de sus fabulosas interpretaciones. Ariadna Gil le da la réplica como la chica de la película, con un papel que bebe directamente del modelo clásico de mujer fatal, tan habitual en la historia del cine negro; por su parte, Jorge Perugorría es el malvado de la función, el ganster sin escrúpulos que se cruza en el camino del héroe. Y para redondear el casting, se agradece la presencia del siempre espléndido José Luis Gómez, actor más habitual en los escenarios teatrales y que, por fortuna, nos regala de vez en cuando una soberbia actuación en la pantalla, como hizo recientemente en "El séptimo día" y vuelve a hacer ahora en esta historia.
"Hormigas en la boca" es el proyecto más ambicioso de Mariano Barroso, una gran producción que recrea con todo lujo el esplendor de una ciudad que se quedó anclada en el tiempo; la factura es impecable, con un magnífico trabajo de ambientación y la cuidada fotografía de Javier Aguirresarobe. La cinta posee los ingredientes que muchos directores desearían tener en una película: buenos actores, grandes medios económicos y una intriga que atrapa al espectador desde el principio. Barroso consigue captar la atención y crear una historia que funciona en su mayor parte. Jugando con los flash-back, el director construye una película que tiene sus mejores momentos en el arranque de la cinta, con una forma inteligente de presentar a los personajes y plantear el nudo de la historia. Lástima que el guión flojee en otros aspectos y el filme decaiga bastante conforme se desarrolla la acción, con situaciones nada convincentes y muchas secuencias que no acaban de hilar demasiado bien. Estamos ante una de esas películas que prometen demasiado al principio y luego acaban por decepcionar.
De todas formas, "Hormigas en la boca" merece una visión por parte del público, aunque sólo sea por disfrutar de esas grandes interpretaciones y viajar en el tiempo a un lugar que conoció sus días de gloria, muy lejos de La Habana que nos enseña Benito Zambrano en la reciente "Habana Blues".
Jaime Fuertes
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