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"Incautos"

GFX "Incautos" es de esas películas que tienen casi todos los ingredientes para ser un éxito. Es de esos títulos que entran por los ojos desde que empieza la promoción, con un reparto de lujo, una factura impecable y una historia de timadores que siempre suele atraer al público y funcionar bien en la taquilla.
Es significativa la presencia del director de fotografía Thierry Arbogast, al que le debemos trabajos tan espléndidos del cine francés como "El quinto elemento", "Juana de Arco" y "Los ríos de color púrpura", y quien también ha cuidado la luz de grandes producciones norteamericanas, como "El beso del dragón", "Femme fatale" y la próxima "Catwoman". Tener a alguien como Arbogast en una película española es un lujo que pocos se pueden permitir, e "Incautos" tira la casa por la ventana en cuanto a costes de producción, con efectos de imagen que le dan un buen look a la historia y con infinidad de localizaciones (la mayoría de alto standing).

También es difícil y costoso reunir a un trío de actores como Ernesto Alterio, Federico Luppi y Victoria Abril (Luppi y Abril se reencuentran con esta película desde que trabajaron juntos en "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto"). Alterio reafirma ese talento indiscutible que le ha llevado a la cima en los últimos tres años, y tanto Luppi como Abril traspasan la pantalla cada vez que aparecen, con una presencia arrolladora; él es el perfecto timador de altos vuelos, astuto y elegante, y a ella le sienta como un guante ese papel de mujer maquiavélica y embaucadora, tan peligrosa como una serpiente de cascabel.

El director Miguel Bardem ("La mujer más fea del mundo", "Noche de reyes") construye una historia en la línea de todas esas películas que hemos visto sobre timadores, con una estructura clásica: presentación de los personajes, reunión de todos ellos, elaboración del plan y ejecución del golpe con alguna que otra sorpresa. Todo arranca con un gran timo para ir abriendo boca, y luego un flashback para contar la historia del personaje que interpreta Ernesto Alterio: obligado a sobrevivir desde niño en un orfanato, maltratado por curas con una educación que incluye la vara y asediado por una pandilla de pequeños maleantes que se mueven a sus anchas en el centro. Es aquí donde se origina el carácter del protagonista, cuando descubre que la mentira y el engaño son las mejores armas para defenderse ante el mundo, con tretas que se van perfeccionando con el paso del tiempo y que le convierten en un astuto delincuente nada más salir del orfanato. Quizá es la mejor parte de la película, perfectamente descrita y filmada en pocos minutos, con varias pinceladas certeras que nos hacen entrar en la historia rápidamente.

Luego se produce el encuentro con un viejo timador apodado el Manco (Manuel Alexandre), quien le enseña los trucos del oficio y, a su vez, le presenta al rey de los timadores, un tipo llamado Federico (Federico Luppi), un auténtico maestro especialista en grandes golpes. Comienza una colaboración entre ellos que culmina cuando una antigua amante y socia de Federico (Victoria Abril) se pone en contacto con ellos para desplumar a un amigo de su marido, un magnate que necesita invertir una enorme cantidad de dinero sucio; el tipo es lo que se conoce en el argot de los timadores como un "mirlo blanco", una víctima que puede desembolsar una suma astronómica; sería el golpe definitivo, aquel que les permitiría retirarse para siempre.

Y comienza el juego, con una trama que avanza a buen ritmo y con giros inesperados que crean emoción y suspense, además de disfrutar con un recital interpretativo no sólo a cargo del trío protagonista, sino también con cada uno de los secundarios (Manuel Alexandre, Manuel Morón como víctima, Alejandro Casaseca en el papel de Gitano –compañero de fechorías de Alterio-,...).
El problema de "Incautos" es que es difícil a estas alturas sorprender al espectador cuando se han hecho tantas películas de timadores. Cuando Bardem se puso a escribir el guión, parece que ese era su principal objetivo, jugando a lo mismo que "El golpe" o "Nueve reinas". Y para que el espectador no sepa con qué carta quedarse, y que no adivine a quién están timando realmente, empieza a darle la vuelta a la tortilla continuamente. Se trata de aumentar el grado de desconcierto, jugar con el espectador constantemente. Pero rizar el rizo demasiadas veces llega a producir cansancio, confusión, aburrimiento y algo de irritación. Es en toda su parte final donde la película cae en picado y pierde toda su credibilidad (también hay algún timo por en medio de la cinta que no es nada convincente).

Es mejor quedarse con la primera parte de la historia y ese repaso histórico que la película usa como telón de fondo: desde las peripecias en el orfanato en 1975 hasta la entrada del euro en el año 2000, cuando todo el dinero sucio que circulaba en este país debía ser limpiado antes de la desaparición de la peseta; y en ese repaso, siempre como fondo de la trama principal, vemos referentes como una imagen de Mario Conde en la pantalla de un televisor, para darnos uno de los mensajes que nos da la cinta: los timadores también operan en las altas instancias, con la cara al descubierto y a la vista de todo el público.


Jaime Fuertes
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