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"El precio de la verdad"

GFX Sinopsis

Stephen Glass -Hayden Christensen- fue redactor de plantilla para la prestigiosa revista de actualidad y política The New Republic y articulista por cuenta propia para publicaciones como Rolling Stone, Harper's y George. A mediados de los 90, sus artículos convirtieron a Glass en uno de los periodistas jóvenes más solicitados de Washington, pero una extraña cadena de acontecimientos (recogida en el artículo de Buzz Bissinger publicado en septiembre de 1998 en Vanity Fair, en el que se basa el filme) detuvo de pronto su meteórica trayectoria.

"El precio de la verdad" no sólo es el estudio de un personaje con mucho talento y a la vez muchas flaquezas; también es una reflexión acerca de la profesión que protege las libertades mediante la búsqueda de la verdad, y lo que ocurre cuando la confianza del lector se ve traicionada. En 1998, pocos meses después de ser nombrado director de The New Republic, Charles Lane despidió a Stephen Glass por inventarse un artículo que apareció en la revista con el título "Hack Heaven" ("El paraíso del hacker").

Este intrigante artículo de rabiosa actualidad empresarial describía con detalle las andanzas de un pirata informático menor de edad cuyo representante logra un lucrativo negocio extorsionando a una compañía de software que había sido una de las víctimas del pirata. "Hack Heaven" fue el último artículo que llegó a escribir Glass, pero aquella no fue la primera vez que el periodista se había tomado libertades en la forma de retratar la realidad.

Finalmente se supo que Glass se inventó la totalidad o parte de los hechos que plasma en 27 de los 41 artículos que escribió para The New Republic.



Notas de producción

Tanto la realidad adulterada que plasmaban los artículos orquestados por la imaginación de Glass como la presión que se vivía en las sesiones de selección de artículos para The New Republic, pasando por las conversaciones con Michael Kelly -Hank Azaria-, el director que apadrinó a Glass, nos dan una idea de lo estimulante y a la vez agotador que resultaba trabajar en la revista.

Como los empleados de la Casa Blanca a quienes investigaban, los compañeros de Glass en la redacción de The New Republic, seleccionados de entre los mejores y más brillantes profesionales, eran gente idealista y mayoritariamente joven, consciente de que el trabajo que estaban haciendo podía convertir el mundo en algo mejor.

Esta perspectiva del mundo, compartida por los jefes de redacción, la plantilla y los lectores de The New Republic, pudo contribuir precisamente a que las invenciones de Glass pasaran desapercibidas durante tanto tiempo. "El motivo por el que la gente no dudó de la veracidad de estos artículos es que confirmaban ideas preconcebidas por los que compartían una corriente política concreta", observa el actor Peter Sarsgaard, que interpreta a Lane en la película. "Por eso lo que escribía tenía tanto encanto".

El guión de Billy Ray sugiere asimismo que Michael Kelly, director de The New Republic y mentor de Glass, pudo ser también víctima de esta perspectiva progresista, o como mínimo, del deseo del presidente de The New Republic, Martin Peretz, de proteger la posición liberal de su revista y, por extensión, la imagen dañada de la presidencia que representaba esta misma posición. Al final de la primera parte de la película, Peretz despide a Kelly, alegando que "el tono de la revista [...] se ha vuelto demasiado desagradable, se ha alejado de la tradición que la hizo grande", posible alusión al hecho verídico de que la columna de Kelly en la revista estaba tomando una posición cada vez más crítica con Bill Clinton.

Igual que los escándalos de la era Clinton comportaron un cambio en el clima que se vivía en el país, el relevo de director en The New Republic cambia de forma radical el clima de la redacción. En la película, cuando Kelly vacía su escritorio y lleva sus cajas al vestíbulo, se encuentra con su sustituto, Charles Lane, en una escena de tensión dramática que se ha repetido en muchas salas de prensa cuando hay un cambio en la dirección.

En este momento nos damos cuenta de que Charles Lane no sólo ha heredado el timón de una de las instituciones periodísticas más influyentes, sino también una redacción profundamente resentida con él por haber ocupado el puesto de su amado mentor. También es en este momento cuando empezamos a entender que el protagonista de "El precio de la verdad" es el director más bien poco flexible y metódico Charles Lane.

Lo que más molesta a las periodistas Caitlin Avey -Chloë Sevigny- y Amy Finch -Melanie Lynskey- y al resto de personal que ahora supervisa Lane es que él había formado parte de la misma plantilla. El resentimiento contra Lane no sólo es palpable, sino que también está perfumado con la envidia, un aroma nada infrecuente en los despachos y las salas de reunión de cualquier agencia de noticias.

La película desvela con ojo atento las rivalidades internas que se cocían en The New Republic a finales de los años 90. El personaje de Amy Finch, por ejemplo, está especializado en densos debates políticos y explica a los 81.000 lectores de la revista temas como el de los subsidios para el etanol. Cuando Glass se ve favorecido por el éxito y sus trabajos como periodista por cuenta propia empiezan a obtener resultados lucrativos, Finch se ve inclinada a imitar su estilo, pero comete el error de mostrar una prueba a su colega Caitlin Avey. La respuesta de Avey al devolverle un escrito que sangra tinta roja, "Pero Amy, tu escritura no es divertida", es mucho más demoledora por el tono glacial de Sevingy.

Todo esto no quiere decir que el retrato que hace la película del clima reinante en The New Republic sea totalmente negativo, o que la plantilla de la revista estuviera abocada a la destrucción mutua por encima de cualquier otro interés. Prueba de lo contrario es la evidente amistad entre Glass y Avey (mezcolanza, por cierto, de personajes reales que trabajaron en la revista con Glass), que no duda en defender al autor de "Hack Heaven" cuando Lane descubre las primeras irregularidades en el artículo. Y, de la misma forma que Michael Kelly le hizo de mentor, en la película Glass no tiene reparos en tomar bajo su tutela a los recién llegados. De hecho, Glass solía caer bien a todo el personal de The New Republic.

Como "El precio de la verdad" refleja en la segunda parte, las manipulaciones de Stephen Glass no fueron descubiertas por Lane, que terminó despidiéndole, sino por los redactores y responsables de la publicación de internet Forbes Digital Tool, actualmente extinta. Irritado al ver que Glass, con "Hack Heaven" (y en una anticuada revista de papel), ha tomado la delantera a los dinámicos reporteros de su moderna revista de formato revolucionario, el director de Forbes Digital Tool, Kambiz Foroohar -Cas Anvar- restriega el artículo por las narices de su reportero estrella, Adam Penenberg -Steve Zahn-.

Cuantas más indagaciones hace Penenberg sobre el artículo de Glass, más brechas encuentra. Foroohar, Penenberg y otra joven periodista -Rosario Dawson- creen al principio que Glass estaba siendo magistralmente manipulado por terceros.

Sin embargo, al tener que explicar las diversas incoherencias de su artículo, Glass se dedica febrilmente a levantar un obstáculo tras otro para frenar el inevitable descubrimiento, creando una mentira (una tarjeta de visita falsa por aquí, una página web fantasma por allá) para alimentar a otra. Mientras tanto, Charles Lane inicia su propia investigación, rastreando las fuentes de Glass y examinando con lupa sus artículos anteriores. Mientras que la motivación de Glass en este punto parece no ir más allá de la autoconservación, la misión de Lane es proteger su revista y su reputación, y por extensión la propia integridad del periodismo. Cuando despide a Glass, Lane no sólo salva la reputación de The New Republic, sino que finalmente se gana el respeto de su redacción.


Declaraciones del director

Me enteré de lo ocurrido con Stephen Glass con una mezcla de asombro y espanto gracias al artículo de Buzz Bissinger en Vanity Fair, "Shattered Glass". Nada más leerlo, me di cuenta de que me gustaría recrear esa historia.

Los temas de fondo que hay en el ascenso y la caída de Glass tienen gran importancia para mí: la responsabilidad de la prensa, los peligros inherentes en el culto a la personalidad y los dilemas éticos del día a día que nos definen como individuos. Glass se convirtió rápidamente, al menos para mí, en la cara de algo más grande que él, más grande incluso que la revista que tanto perjudicó.

Empezó a representar una llamada de alerta sobre el estado del periodismo en este país, llamada que suena con más fuerza con el caso de Jayson Blair, la pasada primavera, en el New York Times. Cuando la gente ya no puede creer lo que lee, las únicas opciones que les queda es enterarse de las noticias por la televisión o dejar de estar al día por completo. Cualquiera de las dos vías, para mí, es muy peligrosa para este país.

Para hacer la película, necesitaba (y recibí) muchísima ayuda por parte de las mismas personas perjudicadas por Glass en The New Republic: Chuck Lane, el difunto Michael Kelly y otras fuentes que prefirieron quedar en el anonimato... Todas estas personas se mostraron extremadamente generosas conmigo, al revelarme información sobre una época de sus vidas que no les causó más que dolor, confusión y vergüenza.

Mención especial merece Mike Kelly, que nunca dejará de ser el hombre más fiel a sus principios que he tenido la suerte de conocer en la vida. Kelly estaba todavía atormentado por el papel que desempeñó en el ascenso de Glass, y no le gustaba nada la idea de que una película lo inmortalizara como el jefe que NO pilló a Glass. Pero era tan grande la integridad de Kelly que no pudo evitar ayudarme. Además, Mike era un reportero por encima de todo. Y lo más importante para él era que yo fuera fiel a la historia. Era un auténtico gigante.

El resultado, creo, fue el equivalente cinematográfico de lo que se considera buen periodismo. "El precio de la verdad" no es un ataque contra un reportero caído en desgracia del mismo modo que tampoco es una explicación de su conducta. Es simplemente una crónica fidedigna de un auténtico lío. Y cuando estás narrando una historia sobre el periodismo y la verdad, ése es el único criterio que vale.


Más sobre la producción

"Me gustaría que la gente que vea `El precio de la verdad´ se plantee el oficio del periodista desde una perspectiva distinta", dice Billy Ray, el director. "The New Republic, como The New York Times, no es una institución, es un grupo de personas que está a cargo de una institución, y estas personas pueden tener un buen criterio o un mal criterio. Stephen Glass se aprovechó del mal criterio y también de la buena fe de esta gente".

Al convertir un artículo no ficticio en una película con acción narrativa, Ray y sus productores fueron conscientes desde el principio de que su proyecto se sometería al inevitable escrutinio de las personas que vivieron los acontecimientos que se iban a narrar. Por este motivo, para adaptar a la pantalla el artículo que hizo Buzz Bissinger para Vanity Fair, Ray se entrevistó con muchos de los principales afectados y tomó siempre las transcripciones de esas entrevistas como referencia. Antes de incluir un hecho en el guión, comprobó que hubiera sucedido de verdad contrastando dos fuentes distintas. El antiguo jefe de Glass, Charles Lane, que ahora es periodista para el Washington Post, repasó el guión antes de que éste llegara a producción.

"Nos sentimos con la obligación de ceñirnos a los hechos tal como ocurrieron", explica Ray acerca del planteamiento que tomó a la hora de adaptar el artículo de Bissinger para la gran pantalla. "Sería una contradicción tremenda tener que inventarnos cosas para adaptar la historia al proceso cinematográfico. Para ser fiel a los acontecimientos, necesitaba fuentes internas y externas a The New Republic, que conocieron a Glass y sabían lo que ocurrió".

Puesto que la historia está ambientada en el mundo del periodismo, regido por los principios de la fidelidad y la objetividad, los responsables de la película suponían que "El precio de la verdad" atraería una atención especial por parte de la prensa. Lo que no esperaban era que ocurriría tan pronto.


¿Quién es Stephen Glass?

Lo primero que llamó la atención de Hayden Christensen respecto a Glass fue que "era muy joven para toda la atención que le dedicó su profesión, y él más o menos se aprovechó de eso".

Christensen también observa que «a su familia le costó bastante aceptar» la vocación de Glass, "así que, para tener éxito de verdad como periodista, creyó que tenía que llegar mucho más allá de lo que su familia esperaba". Para elaborar su personaje, Christensen dice: "Partí de lo que significaba para Glass toda la presión de su familia y de lo mucho que le gustó la sensación que le dio el éxito que tuvo con su primer artículo inventado. Supongo que más o menos eso es lo que le hizo seguir".

Hank Azaria interpreta a Michael Kelly, el director que apadrinó a Glass durante varios años y que posiblemente fue la persona a quien más dolió, al menos emocionalmente, la traición de Glass al periodismo y a su código ético. No es de extrañar que Azaria, que mantuvo largas conversaciones telefónicas con el auténtico Michael Kelly como preparación para el papel, tenga otra forma de ver a Glass. "A mí [la conducta de Glass] me hizo pensar en la mentira más gorda que contaste de niño. Normalmente, cuando tienes 10 o 11 años, ya te han pillado y piensas: `Vaya, nunca volveré a hacer eso´. Pero parece que eso nunca le pasó a Stephen Glass y de adulto se sale con la suya sin que nadie se entere. Sin embargo, tiene que llevar sus mentiras a un nivel mucho más complejo e inteligente".

Azaria dice que la impresión que el auténtico Michael Kelly tenía de Glass era la de "literalmente, un mentiroso patológico, una persona antisocial cuya única motivación parte de ser adicto a engañar a la gente y de la emoción que se siente al engañarla. A eso hay que añadir una inmensa ambición y toda esa presión que se ejerce sobre mucha gente joven y brillante para que alcance el éxito. Kelly pensaba que Glass tenía mentalidad de timador, y que acabó siendo adicto a los timos".

Teniendo en cuenta el minucioso estudio que han hecho los actores y los responsables de la película sobre la auténtica figura de Glass, es de esperar que uno de los resultados de "El precio de la verdad" será hacer que el público se plantee las motivaciones de Glass, así como su moral o su falta de moral. No hay que olvidar que Stephen Glass es una persona de carne y hueso cuya fama (o mala fama) aumentará con la película.

En todo caso, lo que parece haber quedado claro es que la película no lo va a "glamourizar", como dice la reseña de Daily News, sobre todo después de que el Glass auténtico haya aparecido en el programa de reportajes "60 Minutes". ¿Pero se ha planteado Ray si su obra puede empeorar innecesariamente la fama de Stephen Glass, una figura expulsada de la misma profesión que, según ha afirmado, él ama?.



Ficha

Ficha Técnica

Título original: "Shattered Glass"
País y año: Estados Unidos, Canadá, 2003
Dirección: Billy Ray
Guión: Billy Ray; basado en un artículo de Buzz Bissinger
Producción: Craig Baumgarten, Adam J. Merims, Tove Christensen y Gaye Hirsch
Producción ejecutiva: Tom Cruise, Paula Wagner, Michael Paseornek y Tom Ortenberg
Música: Mychael Danna
Fotografía: Mandy Walker
Montaje: Jeffrey Ford
Diseño de producción: François Séguin
Dirección artística: Pierre Perrault
Vestuario: Renée April
Duración: 99 minutos


Ficha Artística

Stephen Glass: Hayden Christensen
Chuck Lane: Peter Sarsgaard
Caitlin Avey: Chloë Sevigny
Andy Fox: Rosario Dawson
Amy Brand: Melanie Lynskey
Adam Penenberg: Steve Zahn
Michael Kelly: Hank Azaria
Lewis Estridge: Mark Blum
Catarina Bannier: Simone-Elise Girard
David Bach: Chad Donella


Fecha de estreno en España: 23 de abril de 2004


Enlaces

- Página Oficial de la Película: www.shatteredglassmovie.com
- Biografía de Rosario Dawson




Fuente: DeAPlaneta

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