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"Seabiscuit. Más allá de la leyenda"

GFX Sinopsis

En el invierno de 1937, Norteamérica vivía el séptimo año de su década más catastrófica. La economía había sufrido un crash y millones de personas habían perdido su trabajo, sus ahorros y su hogar.

Una nación que extraía su audacia de la quinta esencia americana de que el éxito está al alcance de todo el que trabaje por obtenerlo, se encontraba desilusionada al verse sumergida en una pobreza insuperable. Las personas más emprendedoras se veían poseídas por el miedo, el fatalismo y la desesperación.

Tanta devastación propició la aparición de nuevas y poderosas fuerzas sociales. En febrero de 1937, convergieron todas estas nuevas fuerzas sociales y tecnológicas. Nacía la era moderna del estrellato. La maquinaria de la fama estaba a punto de ponerse en marcha. Sólo necesitaba un protagonista. En ese momento particular, Seabiscuit, el caballo ceniciento, rompió records en el handicap de Santa Anita. Algo hizo clic: ¡había nacido una estrella!.



Notas de producción

El libro

En 1996, mientras trabajaba en otro tema, la escritora Laura Hillenbrand encontró información sobre el dueño y entrenador de un caballo de carreras de la época de la Depresión llamado Seabiscuit. Laura, que monta desde los cinco años, ha llevado su amor por los caballos y su historia al extremo de dedicarse a escribir en revistas como "Equus"; también ha escrito crónicas sobre las carreras de caballos, que le apasionan. A menudo se encontraba con alusiones a Seabiscuit y su extraña y modélica carrera pero no sabía nada de la gente que le rodeó: su dueño, su entrenador y el jockey. El descubrimiento que hizo aquel día de 1996 le llevó a convertirse en un fenómeno editorial.

Cuatro años después, Hillenbrand entregó el libro para su publicación. Sus expectativas eran modestas: "Pensaba que si llegaba a vender cinco mil copias directamente desde el maletero de mi coche, podía darme por satisfecha. Sólo quería contar aquella historia". No estaba preparada para la llamada que recibió cinco días después de su editor, informándole de que el libro había entrado directamente en el número 8 de la lista de best-sellers. Dos semanas después, "Seabiscuit, Más allá de la Leyenda", ocupaba el primer lugar. La respuesta de la crítica fue igualmente abrumadora: más de veinte publicaciones lo eligieron entre los libros del año, entre ellas "The New York Times", "The Washington Post", "Time", "People", "USA Today" y "The Economist". La edición de tapa dura estuvo en la lista de best-sellers del "New York Times" durante 30 semanas, y la edición paperback sigue en la lista desde el 14 de abril de 2002.

El director Gary Ross es también un fan de las carreras de caballos. Su pasión fue precoz: le preguntó a sus padres si podía celebrar su bar mitzvah en un hipódromo. Ross y su mujer, la productora ejecutiva Allison Thomas, leyeron un día un artículo sobre tres hombres y un caballo de carreras en una publicación poco conocida llamada "American Heritage". El artículo se titulaba "Four Good Legs Between Us" y su autora era Laura Hillenbrand.

Cuando comenzó la carrera para hacerse con los derechos del libro, Ross decidió llamar a Laura. Estuvieron dos horas al teléfono: "Hablamos de carreras de caballos. Yo le hablé en concreto de Secretariat´s Belmont, que para mí sigue ostentando la hazaña atlética más impresionante de la historia".

Hillenbrand apreció el entusiasmo de Ross por los caballos y comprendió que el cineasta sentía interés en la historia por las mismas razones que ella, y no sólo por el atractivo de resucitar la figura de un caballo sin futuro alguno que se convirtió en el triunfador más popular de su época. Dice Laura: "Muchos de mis lectores confiesan que nunca han pisado una pista de carreras o que no les gustan los caballos pero que les encantó el libro. Creo que eso se debe a los tres hombres protagonistas, que es lo que siempre me interesó de la historia. Por eso no sale el caballo en la cubierta del libro. Quise concentrarme en las caras de esas personas para que se entendiera que se trataba de una historia humana".


La historia

A principios del siglo XX, Charles Howard, dueño de una tienda de bicicletas en San Francisco, se despertó un día sobresaltado por un fragor. Cuando salió a mirar, vio el futuro: un extraño artefacto llamado automóvil recorría su calle dejando atrás las huellas de pezuñas de caballo y las marcas de ruedas de los carruajes de la época. Pocos años después, Howard dirigía la sucursal de la Buick de mayor éxito en todo el Oeste. Pero los coches que trajeron su fortuna le robaron lo que más quería. Tras la muerte de su hijo en un accidente de coche, la vida de Howard comenzó a degenerar, su matrimonio se rompió y se quedó solo y vacío.

A varios cientos de millas de distancia, un vaquero llamado Tom Smith recorría a caballo una enorme y hermosa región que no parecía tener límites... hasta que llegaron las alambradas y los tramos de ferrocarril que cubrieron el paisaje como telas de araña. La figura del vaquero quedó obsoleta y Tom Smith se convirtió en una reliquia andante en el Nuevo Mundo.

John Pollard nació en el seno de una animada y próspera familia de inmigrantes irlandeses, en un hogar lleno de libros y canciones. Pero los Pollard tuvieron una mala racha y lo perdieron todo. El joven Johnny se ganaba la vida haciendo lo único que sabía, montar a caballo, y arañaba unos cuantos dólares más con el boxeo. Arruinado pero lleno de determinación, Johnny "Red" Pollard había aprendido a cuidar de sí mismo y a no confiar en nadie.

En 1932 Franklin Delano Roosevelt se hizo cargo de una nación con una tasa de desempleo que en algunas ciudades llegaba al 50%; dos millones de personas vagaban por el país sin hogar ni empleo. América no había conocido jamás tanta pobreza y desesperación. La esperanza de aquel joven país se desvanecía tras las puertas blindadas de los bancos y al final de las colas del pan, cada vez más largas.

Charles Howard volvió a casarse con una hermosa joven, Marcela Zabala, a la que había conocido en un hipódromo. La pareja decidió comprar un caballo. El entrenador que Howard había contratado, Tom Smith, vió posibilidades en un caballo difícil y torpe llamado Seabiscuit, hijo de Hardtack, descendiente del gran Man-O-War. Golpeado y maltratado, el caballo se había maleado hasta ser intratable y estaba a punto de ser sacrificado. Pero Smith vio algo en aquel caballo, igual que Howard había visto algo en el propio Smith.

Tom Smith vio el mismo espíritu en un problemático jockey llamado “Red” Pollard y un hermoso día de 1936, en la pista de Saratoga, se lo presentó al matrimonio Howard. En manos de sus nuevos dueños, Seabiscuit se acabó transformando en un pulverizador de records. Howard, que era un gran showman, retó al ganador del Triple Crown, un potente corcel negro llamado War Admiral (Almirante de guerra), a una competición. Aquello fue mucho más que una carrera entre dos campeones. Se convirtió en una competición entre dos mundos: el establishment de banqueros y hermosos caballos de la Costa Este enfrentado a un universo de desposeídos, derrotados pero aun con espíritu, que aclamó a aquel equipo formado por tres perdedores y su poco prometedor equino.

Seabiscuit ganó la carrera y en 1938 fue nombrado Caballo del Año. Pero fue una victoria amarga. Antes de la carrera, Pollard sufrió un grave accidente montando otro caballo y le dijeron que quizá no podría volver a andar. Howard quiso cancelar la carrera pero Pollard insistió en que siguiera adelante con su amigo el jockey George "The Iceman" Woolf, que llevó a Seabiscuit el primero hasta la línea de meta.

Meses después, Seabiscuit sufrió también un accidente. Howard acogió a Red y al caballo en su rancho del Norte de California para que pudieran reponerse. Poco a poco, lo imposible sucedió: Red y Seabiscuit empezaron a pasear, luego a trotar y luego a galopar por las verdes colinas de la propiedad de Howard.

En 1940 Roosevelt fue elegido presidente por tercera vez. En una pizarra del handicap de Santa Anita un hombre escribió el nombre de Seabiscuit en la lista de los participantes, y el público rugió: había regresado el héroe del pueblo, contra todo pronóstico, y con él volvía también Red Pollard sujetando las riendas. Caballo y jockey cruzaron los primeros la línea de meta, al otro lado de la cual les esperaba su merecido retiro.


El proyecto

Gary Ross se sintió inmediatamente atraído por la historia que había contado Laura Hillenbrand: "Me quedé impresionado por esos tres personajes tan maravillosamente heroicos y por ese caballo que se convirtió en un héroe popular".

Dice Hillenbrand: "Hay cosas que una escritora no puede hacer. Puedo contar la historia pero no puedo mostrarla. Cuando hablé con Gary Ross supe que él era el hombre adecuado. Conectamos enseguida. Supe que veía el mundo de las carreras de caballos con mis mismos ojos, que le apasionaba la velocidad, el riesgo y la belleza de ese mundo, y que era capaz de representarlo en la pantalla. Me encanta el trabajo que ha hecho. Ha justificado la fe que deposité en él con un guión brillante y una magnífica película".

La escritora continúa: "La clave de la historia está en sus tres protagonistas. A la hora de vender los derechos del libro, mi prioridad era encontrar un director que respetara la integridad de los mismos, su personalidad y las circunstancias que vivieron. Lo que me convenció de Gary Ross fue su dedicación, su obsesión más bien, por estos hombres, por ese caballo, por la época y la peripecia que vivieron. Ha hecho lo imposible por mantenerse fiel a la historia y cuando llegaba a un punto en el que tenía que comprimir o ficcionalizar lo sucedido, siempre me llamaba y me lo contaba para asegurarse de que no perjudicaba la verdad de la historia".

Adaptar un libro a la pantalla es siempre un reto, como comprobó Ross cuando trató de sintetizar este exhaustivo relato que ocupa 400 páginas: "Al adaptar un libro, lo primero que haces es extraer los elementos clave, que es lo primero que te atrajo de la historia al fin y al cabo. Me llamó la atención que estos tres hombres encontraron el coraje para rehacer sus vidas y unir sus esfuerzos tras haber conocido pérdidas y penalidades increibles. Red había perdido a su familia, Howard había perdido un hijo y Smith había perdido su modo de vida. ¿Cómo se trasciende esa clase de dolor? El libro cuenta la historia de tres personajes que en un momento dado podrían haberse rendido. Pero se apoyaron entre sí y formaron una especie de familia nuclear".

Ross continúa: "Una buena adaptación lo que hace es ser fiel al espíritu del libro. Ese fue el principio por el que me guié. Por supuesto, cambié detalles y ficcionalicé algunas partes, para poder captar todo el impacto de la historia y el sentido del libro. Discutí todos los cambios con Laura, que se mostró siempre muy abierta y fue mi mejor colaboradora".

Un libro es como un hijo para un escritor y siempre cuesta entregárselo a otra persona. Dice Laura: "Me preocupaba lo que fueran a hacer con el guión. No se puede contar la historia exactamente como en un libro de 400 páginas. Hay que condensar mucho para convertirlo en una película de una duración razonable. Cuando Ross me envió el guión y empecé a leerlo, me sentí emocionada. Es lírico y hermoso. Ha tomado una gran historia y le ha inyectado su sentido visual y toda su creatividad. El resultado final es simplemente fantástico".

Para el director y la escritora, la clave de la historia es la extraña relación entre los tres hombres protagonistas: el jockey Red Pollard, el entrenador Tom Smith y el dueño, Charles Howard. Cada uno tenía una historia propia antes de que sus caminos se cruzaran por culpa de un maravilloso animal. Dice Ross: "Son tres trayectos. Cada uno de esos hombres estaba destrozado por razones distintas. Eran como piezas que se necesitaban mutuamente para completarse".

La unión entre esos hombres refleja la convergencia de los diferentes cineastas que se pusieron de acuerdo para realizar la película. Ross se reunió con Kathleen Kennedy para discutir otro proyecto y ella le preguntó por Seabiscuit. Comenzaron a hablar de la idea y descubrieron que eran "almas gemelas", sobre todo en lo que respecta al enfoque humano de la historia. Dice Kennedy: "Tom Smith estaba hundido y nadie quería contratarle como entrenador. Charles Howard había perdido un hijo y había visto hundirse su matrimonio. Red Pollard estaba solo pese a su juventud. Esos tres hombres y ese caballo de aspecto tan gracioso unieron esfuerzos, reconstruyeron sus vidas y entraron en la leyenda... con esos elementos se puede contar una historia maravillosa".


El reparto

Ross y el resto del equipo se pusieron a buscar los actores -y los caballos- adecuados para dar vida en la pantalla a la maravillosa historia de Seabiscuit. Ross había escrito el guión específicamente con ciertos actores en mente, empezando con Tobey Maguire, con quien había trabajado en Pleasantville, para el papel del jockey Red Pollard. Dice Maguire: "Gary me dijo que pillara un ejemplar de `Seabiscuit´ y me lo leyera. Lo hice y me pareció fantástico. Me encantó".

Johnny "Red" Pollard tuvo una vida muy dura, a partir del momento en que lo abandonaron en un hipódromo. Luchó por ganarse la vida con brutales combates de boxeo, que le aportaban un complemento a los míseros ingresos que obtenía haciendo lo que más le gustaba, montar a caballo. Pollard era un bicho raro, incluso entre los jockeys. Pese a su vida de nómada, siempre llevaba consigo una bolsa llena de libros, contaba historias fantásticas y citaba a Shakespeare en el camerino de los jockeys. Demasiado alto y lleno de contradicciones, era un hombre complejo y enigmático. Ross ve un paralelismo entre Pollard y Maguire: "Conozco a Tobey. Ha vivido una vida difícil y tiene una especie de fuego interior, es complejo y tiene una cierta dureza innata".

Kennedy comenta: "Creo que Tobey es el De Niro de su generación. Es duro y vulnerable, y eso es lo que hizo que Gary Ross le viera en el papel de Pollard. Red era un hombre lleno de rabia y al mismo tiempo fue el único capaz de conectar con Seabiscuit. Juntos, se calmaban mutuamente: Red se convertía en el jockey que siempre había soñado ser y Seabiscuit en un campeón de carreras".

Maguire ha trabajado en películas como "La tormenta de hielo", "Jóvenes prodigiosos", "Las normas de la casa de la sidra" y "Spider-Man", de la que ya anda preparando la secuela por lo que esta película le pareció una oportunidad perfecta: "Es un papel estupendo para mí. Quiero ponerme a prueba e interpretar personajes muy distintos. Esta película supone un paso adelante. Tiene gracia porque Gary Ross me conoce muy bien y sabía que este proyecto me atraería".

Dice Ross: "Creo que Tobey tiene mucho talento y me encanta trabajar con él. Tiene algo de chico de la calle y al mismo tiempo está lleno de bondad y de sabiduría . La generosidad que tiene con sus amigos y seres queridos es conmovedora. Y además tiene muchas de las contradicciones que yo veía que se daban en el personaje de Red Pollard".

Maguire continúa: "Lo interesante es lo aislados que están los tres protagonistas; son seres solitarios que se han encerrado en sí mismos por diferentes razones. Tom Smith está perdido en un mundo al que no pertenece, Charles Howard pierde a su hijo y Red pierde su hogar y su familia. Pero Seabiscuit es como un hechizo que nos une a los tres".

Charles Howard era un hombre que se había hecho a sí mismo, un imaginativo empresario y un showman increible. Dice la productora Kennedy: "Es un poco como (el empresario cirquense) P. T. Barnum, un personaje exagerado. Howard pasó de reparar bicicletas a cambiar el paisaje del Oeste, cuando se hizo con la franquicia de Buick y ayudó a popularizar el automóvil, amasando de paso una fortuna". El productor Frank Marshall añade: "Jeff Bridges es Charles Howard. Simplemente, encarna a ese personaje".

Ross dice que se siente afortunado por haber conseguido a Jeff Bridges para el papel: "Howard es lo que aglutina a este grupo de gente y Jeff sabe darle al personaje un sentido de carismática autoridad. Es un gran actor, tiene una carrera muy larga y llena de trabajos inolvidables. Gracias a él el personaje se convierte en un sólido patriarca".

Bridges confiesa tener un interés personal en la historia: "Supe del libro a poco de que se publicara. Mi prima Kathy Simpson me llamó y me dijo, Acabo de leer este libro y el personaje de Charles Howard tiene tu nombre escrito... Y yo le dije, Bromeas ¿quién es Charles Howard? Y ella me dijo que era el dueño de Seabiscuit. Estaba tan excitada porque nuestro abuelo, Fred Simpson, iba a las carreras tres o cuatro veces por semana. Recuerdo haberle llevado en coche siendo yo adolescente. Seguro que alguna vez apostó por Seabiscuit. Durante el rodaje de la película, me parecía sentir su espíritu que nos miraba sonriente desde los cielos".

Bridges añade: "Es raro que una película cuente realmente la historia de tres personas y, en este caso, de un caballo también, todas ellas entrelazadas de forma que el público pueda implicarse con todos los personajes. Laura lo conseguía en el libro y Gary Ross ha hecho un gran trabajo trasladándolo todo a su guión".

Chris Cooper hace el papel de Tom Smith, el entrenador de Seabiscuit, un hombre que estaba más a gusto con los caballos que con las personas y al que la prensa apodaba Silent Tom: "A veces hay papeles que te encajan como un guante", comenta el actor. Y la productora Kennedy dice: "Chris ha tenido una carrera extraordinaria. Es como un camaleón. Gary Ross y yo le vimos en American Beauty y en Adaptation, la película que le hizo ganar un Oscar, y quedamos convencidos de que era perfectamente capaz de meterse en la piel de Tom Smith".

Cooper trabajó de ganadero con su padre durante veinte años, así que llegó al rodaje sabiendo bien qué tipo de hombre era Smith. Dice Cooper: "El director soporta una gran responsabilidad. Yo quiero llegar al trabajo con mis deberes hechos y quitarle algo de ese peso. Vine con una idea clara sobre este personaje y a Gary le gustó lo que había creado".

Dice Ross: "Chris trae consigo una parte del Oeste: está en su forma de hablar, en su voz, en su físico. Aunque estuviésemos rodando en un hipódromo, en una iglesia o en un lujoso local del Este, él mantenía esa parte del Oeste. En cada una de sus escenas se siente la pradera, todavía vive en él y percibes muy bien que es de ahí de donde procede. Eso sólo lo hace un gran actor".

La mujer que ayuda a Howard a rehacer su vida es una belleza morena llamada Marcela Zabala, a la que le dobla la edad. Marcela era una aventurera que una vez en un safari se enfrentó a un león que amenazaba el campamento y en otra ocasión coló un mono azul de contrabando en el Waldorf Astoria. Dice el productor ejecutivo Robin Bisell: "Hicimos muchas pruebas para este papel. Elizabeth Banks vino y leyó la última escena de la película, la que tiene lugar con Jeff y el juego infantil. Le dio un toque tan real que nos dejó a todos clavados en el asiento. Elizabeth tiene la cualidad de las viejas estrellas de cine, como Lauren Bacall: es bella y grácil, y puede ser también `uno de los chicos´, encaja entre los hombres. Y así es como era la verdadera Marcela".

Banks comenta: "Me preparé familiarizándome con el mundo físico de Marcela: la ropa, el maquillaje, el peinado, las posturas. Fue muy instructivo leer sobre la etiqueta que existía entonces en las relaciones entre hombres y mujeres. En los años 30 una esposa no hablaba mucho, simplemente estaba presente y dejaba que su marido se encargara de las cosas. En la escena del hospital, tenía ganas de ir a hablar con el actor que hacía de médico, como haría una mujer moderna. Pero en aquella época la mujer se quedaba detrás y esperaba a que su marido le informara sobre la situación. Marcela es una buena combinación: era una mujer excéntrica que sabía conseguir todo lo que quería de los hombres... pero a su manera, siempre quedándose en un discreto segundo plano".

Ross decidió contratar al jockey Gary Stevens para el papel del jockey George Woolf. Dice Kennedy: "El casting de Gary fue el más espontáneo que he visto en mi carrera. Gary Ross entró en el salón de los jockeys, vio a Gary y le preguntó, Oye, ¿qué te parecería hacer el papel de George Woolf?...". La verdad es que Ross no conocía al jockey pero le pareció que tenía madera de actor: "A veces te dejas llevar por el instinto y aciertas. Gary parece una estrella de cine y está lleno de seguridad en sí mismo".

Stevens tiene motivos: es un campeón absoluto. Pertenece al Hall of Fame, tiene 4.700 victorias en su haber, ha ganado ocho veces el Triple Crown (tres veces el derby de Kentucky, dos el Preakness y tres el Belmont) y otras ocho el Breeders’ Cup Classics y sus caballos han obtenido 200 millones de dólares en ganancias combinadas. Dice Stevens: "Al principio pensé que la oferta de Ross era una broma pero después del derby de Kentucky le dije que aceptaba el papel. Entonces no tenía ni idea de que iba a ser un papel tan grande".

Los cineastas le mandaron a Stevens al respetado profesor Larry Moss para que le enseñara interpretación... y Moss le licenció en un solo día. A pesar de ello, Stevens no presume de saber actuar: "Por suerte, no he tenido que interpretar demasiado. George Woolf es muy parecido a mí: era un jinete de primera y le gustaba divertirse. Le apodaban `The Iceman´, porque decían que le corría agua helada por las venas. Nunca perdía los estribos y se crecía en las grandes carreras. Me he sentido muy a gusto haciendo este papel".

Pero Ross, que estudió actuación con la famosa Stella Adler, sabe que para actuar hay que hacer algo más que ser uno mismo: "Gary se ha preparado cada una de sus escenas, entendiendo exactamente qué es lo que debía hacer. No sé de dónde le viene pero tiene un talento natural. Me he llevado una gran sorpresa al comprobar lo buen actor que ha resultado ser".

El segundo personaje que Ross escribió pensando en un actor concreto fue el de el locutor de radioTick-Tock McGlaughlin. Para Ross, sólo William H. Macy, con el que también había trabajado en Pleasantville, podía hacerlo: "El personaje de Tick-Tock se me ocurrió a mitad de escritura del guión. Necesitaba un reportero de hipódromo para las escenas que tenían lugar en Santa Anita. Su sentido del humor, su verborrea rápida y sus juegos de palabras, y su afición al alcohol y a la juerga, todo eso se me ocurrió mientras estaba escribiendo. Escribí un monólogo y luego me di cuenta enseguida: `Esto es para Macy´... Todo fue un feliz accidente".

Macy está encantado con el papel, que describe como una mezcla entre la leyenda de la radio Walter Winchell y un voceador cirquense: "Gary es un gran escritor. Para contar la historia necesitaba una especie de coro griego, alguien que hiciera avanzar la acción y nos comentara lo que estábamos viendo. Y creo que luego se le ocurrió la idea de aderezar la cosa creando este personaje chiflado. Y escribió para mí un papel estupendo, lleno de monólogos histéricos que suelto a la mayor velocidad de la que soy humanamente capaz".

Y finalmente Ross creó un tercer papel teniendo en mente una voz en especial, la del historiador David McCullough. Para Ross una de las virtudes del libro de Hillenbrand es la forma en que recrea la historia del período; para lograr el mismo efecto, decidió incorporar un narrador a la película. La Depresión tiene su propia historia, dramática y compleja, y Ross cree que valía la pena contarla.

Dice la productora ejecutiva Allison Thomas: "Queríamos contar la historia de tres hombres y un caballo. Pero para entender mejor sus vidas debíamos explicar cómo fue la Depresión". Ross añade: "Había dos formas de hacerlo. Podía establecer el contexto histórico dramáticamente o forzarlo en la historia quizás en perjuicio de la película. Pensé que lo mejor era simplemente contarlo. ¿Por qué rendirse a la esclavitud dramática de tener que diseñar una serie de personajes que sirvieran de fondo histórico, si resultaba más excitante romper la cuarta pared utilizando técnicas del documental? Podía utilizar la voz de McCullough y darle al público una mayor sensación de realismo de la que nunca llegaría a ser capaz de generar con medios dramáticos. Me pareció una solución mucho más interesante".

Dice el historiador McCullough: "Lei el guión y me pareció una historia maravillosa. Pensé que si podía ayudar a contarla, estaría encantado de hacerlo". La voz de McCullough está llena de credibilidad gracias a los documentales que ha narrado para la PBS. Y el hombre que está detrás de la voz es uno de los escritores históricos más respetados del país: tiene dos premios Pulitzer y dos National Book Awards, y ha presidido la American Society of Historians. Considerado un maestro del arte de la historia novelada, ha escrito libros sobre Truman, John Adams, el puente de Brooklyn, el canal de Panamá y Teddy Roosevelt. "Seabiscuit - Más allá de la Leyenda" es la primera película no documental a la que le ha prestado su voz.

Dice McCullough: "El cine comercial emplea poco la figura del narrador. Pero en este caso era importante entender el contexto, todo lo que estaba pasando en el país en aquella época. Y eso es difícil de explicar utilizando sólo el diálogo. Fue una época muy importante en la historia de nuestra nación. Por eso es estupendo que se hagan películas como ésta, que capturan el espíritu de la era y el contexto de todo lo que estaba sucediendo, y todo ello contando una apasionante historia real. Creo que a todos nos gusta retroceder en el tiempo, eso forma parte de la naturaleza humana. Todos los cuentos de hadas comienzan con el Érase una vez... o Hace mucho tiempo... Y a menudo ese tiempo era una época muy complicada".


Caballos en la pista

Los caballos que aparecen en la película se buscaron con tanto esmero como los miembros del reparto de la misma. Se contrató a Rusty Hendrickson, responsable de las espectaculares escenas equinas de películas como "Bailando con lobos" o "El patriota", para que buscara y entrenara a los caballos que iban a emplearse durante el rodaje. Rusty había trabajado ya con Maguire en "Cabalga con el diablo", con Bridges en "La puerta del cielo" y con Cooper en "El hombre que susurraba a los caballos". Acostumbrado a trabajar en westerns, apreció la novedad de tener que manipular en esta ocasión a caballos de carreras.

Dice Kathleen Kennedy: "Sabíamos que íbamos a tener que trabajar con jockeys de verdad y con caballos que estuviesen preparados. Sabíamos que íbamos a tener que rodar muchas carreras diferentes para contar bien la historia. Así que pronto llegamos a la conclusión de que lo mejor era comprar los caballos y crear nuestro propio establo de carreras".

Hendrickson se encargó de comprar 50 caballos para la película. Por su seguridad, el grupo que participaba en cada carrera corría sólo durante unas cuantas tomas y ningún caballo corría dos días seguidos. Era necesario también, para seguridad de los jinetes, que fueran caballos sanos y que estuvieran en forma: cada uno de ellos debió pasar la inspección del veterinario de la producción. Había por supuesto un caballo que requería una atención especial. Dice Ross: "Un caballo como Seabiscuit aparece una vez en cada siglo. Era un caballo lleno de carácter e inteligencia y con una personalidad muy especial. Se pasaba medio día durmiendo y era juguetón y perezoso; pero también era fiero y competitivo".

Seabiscuit fue un caballo único y los cineastas no esperaban encontrar otro como él. Lo que hicieron fue buscar varios caballos que sumaran diversos rasgos de la personalidad de Seabiscuit y que, por medio de la magia del cine, pudieran aparecer en la pantalla como un solo ejemplar, dice Hendrickson: "Por fortuna, no era un caballo especialmente atractivo. Era un pequeño caballo bayo con motas oscuras y sin marcas blancas: tuvimos suerte de que nuestro modelo tuviera un aspecto muy corriente".

Pero el aspecto de Seabiscuit era lo único que tenía de corriente. Para contar la historia de este caballo tan extraño y especial a lo largo de siete años de su vida, hizo falta recurrir a una amplia variedad de equinos, cada uno provisto de una habilidad especial: debía quedarse quieto, recular agresivamente, tumbarse en el suelo al lado de otro caballo y de un perro, aguantar la presencia cercana de múltiples cámaras, dejarse montar por actores novatos, etc. También debía ser capaz de ganar –y de perder- una carrera.

Al final se emplearon cinco caballos fijos, dos ocasionales y otros tres "dobles": un total de diez Seabiscuits. Uno de ellos se convirtió en la "estrella", Fighting Furrarri, que acabó rodando muchas de las escenas más importantes. Por muy bueno que sea el animal, hace falta un buen jockey para guiarlo en la pista: un caballo no se mueve solo. Dice Tobey Maguire: "Un jinete es un atleta completamente profesional. Es un deporte de equipo. El que corre es el caballo pero, sin un jinete, no iría a ninguna parte".

Otro miembro del Hall of Fame, Chris McCarron, entró en el equipo de la película para encargarse del diseño de las carreras (un cargo que sumaba muchas responsabilidades distintas) y trabajar codo con codo con el director Gary Ross en todas las escenas en las que aparecen caballos. Por fortuna para el rodaje, McCarron acababa de retirarse de las carreras de competición en junio de 2002, y pudieron contratar sus servicios sin problemas. Al final acabó actuando en la película en el papel de Charley Kurtsinger, el jockey que monta a War Admiral.

Según Kennedy, "el mayor reto de la película estaba en las escenas de carreras y Chris nos fue de mucha ayuda para resolver dichas escenas". La primera tarea de McCarron fue buscar los doce jockeys profesionales que debían montar a los caballos de la película y cuya labor, dice, "era bastante más complicada que la de participar en una carrera convencional. Me gustó que Gary incluyera tantas carreras en el guión. Pero para que esas carreras resultaran realistas, los jockeys iban a tener que trabajar duro pues íbamos a emplear verdaderos caballos de carreras".

Las carreras son un deporte muy peligroso, según lo describe Laura Hillenbrand en su libro: "Cada jockey está condenado a sufrir graves accidentes, el mismo tipo de lesiones que se ven en las pistas de coches de alta velocidad. El sindicato de jockeys americano recibe un total de 2500 notificaciones de accidentes anuales, con una media de dos muertes y 2.5 casos de parálisis. Según un estudio del Instituto de Rehabilitación de Chicago, cada año un jockey tiene una media de tres accidentes y se pasa un total de ocho semanas incapacitado por lesiones producidas en la pista de carreras".

Con estas estadísticas en mente, los responsables del rodaje tomaron todas las precauciones posibles en la preparación de las escenas de carreras. Tuvieron éxito porque ningún caballo ni jinete sufrió lesiones y al mismo tiempo se consiguió capturar toda la excitación y el poderío de los purasangres corriendo por la pista de carreras.

Maguire había montado un poco en el western de Ang Lee "Cabalga con el diablo" pero aquí debió someterse a una intensa preparación para resultar creíble como jockey. Era demasiado alto para serlo y debió perder peso para no tener problemas, pasando de pesar 80 kilos a menos de 70. Se sometió también a un intenso entrenamiento con Joe Horrigan, entrenador de los L. A. Kings, quien le trató desde el principio como un verdadero atleta: "Hicimos 16 sesiones de entrenamiento a la semana, seis sesiones de fuerza, seis cardios, una sesión con un caballo mecánico y una sesión de boxeo".

El actor, que se había fortalecido para el papel de "Spider-Man", debió perder peso y al mismo tiempo aumentar su masa muscular. Se sometió a una dieta de 1.650 calorías por día sin dejar su riguroso programa de entrenamiento. Horrigan le entrenó usando los mismos métodos que emplean los levantadores de pesas olímpicos: "Tobey es un atleta natural. He trabajado con atletas a los que este programa les hubiera costado un esfuerzo. Pero él tiene buenos genes. Adquirió enseguida nuevas habilidades motoras, lo que es síntoma de que es un buen atleta". El director Gary Ross se sintió impresionado: "Adquirió una forma espléndida. Redujo la grasa de su cuerpo al 6%, lo que raya en lo antinatural".

Maguire entrenó también con el asesor de carreras McCarron, que se divirtió viendo sudar al joven actor haciendo algo que a mucha gente le parece tan sencillo como montar un caballo normal. Maguire aprendió que montar un purasangre es todo un arte, un concierto para dos cuerpos, el poderoso y enorme cuerpo del caballo que corre veloz por la pista y el pequeño y casi ingrávido cuerpo del jinete que le guía expertamente hasta la línea de meta. Pero el entrenamiento surtió su efecto, dice McCarron: "Vimos la primera cinta de Maguire montando y tenía todo el aspecto de un genuino jockey. Luego se la enseñamos a los jockeys profesionales que intervienen en la película y no se podían creer que luciese tan buena forma después de sólo cinco semanas".

Los demás actores también prepararon sus papeles. Bridges se entrevistó con la escritora Laura Hillenbrand para documentarse sobre Howard; ella le enseñó fotos y hasta le dejó unos cuantos objetos personales del magnate que tenía: "Fue estupendo llevarlos en el bolsillo durante el rodaje. Era como si pudiera sentir su espíritu conmigo". Por su parte, Chris Cooper trabajó sobre todo la forma de hablar de su personaje, Tom Smith.

El director Gary Ross estaba decidido a capturar el intenso carácter físico de este deporte: "Pronto me di cuenta de que la cámara debía moverse con el caballo, debía estar situada en medio de la carrera y lo bastante cerca de los caballos para que el público sintiera una sensación de realidad". Ross necesitaba un operador dispuesto a aceptar riesgos y lo encontró por mediación de su hijo Jack, de seis años, que le dijo que viera una película cuyo fotógrafo pensaba que era el adecuado para "Seabiscuit - Más allá de la Leyenda". Ross fue a verla, se llamaba "El novato" y su director de fotografía era John Schwartzman: "Me gustó su estilo lírico y atrevido". Dice el fotógrafo: "Es curioso porque uno piensa siempre que te va a salir trabajo a partir de las películas grandes que haces, como `Pearl Harbor´ o `Armageddon´. Pero en este caso Gary me llamó por una película como `El novato´".

A diferencia de lo que ocurre en el hipódromo, el resultado de las carreras que reconstruye la película está predeterminado, como recuerda Gary Stevens: "Cada una de esas carreras está en los libros de historia, con todos sus detalles. Era vital coreografiar cada una de esas carreras de la forma más parecida a la carrera original". Desde dos meses antes de empezar el rodaje, Ross empezó a celebrar cada mañana a las once una reunión para planificar las escenas de carreras. Se trataba de decidir lo que iba a tener que hacer cada caballo, teniendo en cuenta que se trata de un animal impredecible y que además un purasangre está entrenado para ganar siempre, no para quedar en segundo lugar... o en el último.

Además el tramo que corrían para la cámara era muy corto y como dice Ross "hasta el caballo más lento puede ganar en esa distancia". Por otra parte los jockeys tampoco podían frenarlos porque se notaría mucho: por eso durante el casting de caballos se valoró mucho que los elegidos tuvieran paciencia. Durante el rodaje de las carreras, cada jockey tenía puesto un auricular por el que recibía instrucciones de McCarron para ajustarse a la coreografia de la escena.

Preocupados por la autenticidad histórica, los cineastas buscaron locales que pudieran servir de fondo a escenas ambientadas en los hipódromos míticos de la era de la Depresión. Encontraron sus localizaciones en una vieja granja de Hemet, en California, y en las pistas del Pomona Fairplex, en el mismo estado; en el Jockey Club de Nueva York, en la pista de Keeneland, en Kentucky, y en la célebre pista de Santa Anita, que conserva su arquitectura art deco creación de George Kaufmann y evoca a la perfección la era dorada de las carreras de purasangres.

La directora artística Jeannine Oppewall y la diseñadora de vestuario Judianna Makovsky se enfrentaron al reto de tener que reconstruir toda una época a la escala panorámica que planteaba la película. Dice Makovsky: "Es una producción muy grande. No trata solo de tres hombres y un caballo: trata de América durante la Depresión, y teníamos que representarla en todos sus aspectos".

Hubo que vestir a 650 extras; se utilizaron prendas auténticas de la época como fondo pero hubo que manufacturar cientos de prendas nuevas en el estilo de las auténticas. Makovsky se documentó a fondo para establecer el contraste entre la gente de buena sociedad del Este y el estilo más libre y dinámico de la sociedad del Oeste americano. Oppewall debió recrear el mismo contraste en sus escenarios y decorados.

El director Gary Ross concluye: "Ésta es una historia que tenía mucho interés en contar, manteniéndome fiel a su espíritu. Supuso un esfuerzo inmenso; la historia se prolonga a lo largo de muchos años y se convierte en una especie de crónica de una nación durante un período determinado. Pero me siento orgulloso de la película. Creo que hemos logrado plasmar todo esto sobre la pantalla".



Ficha

Ficha Técnica

Título original: "Seabiscuit"
País y año: Estados Unidos, 2003
Dirección: Gary Ross
Duración: 141 minutos
Guión: Gary Ross; basado en el libro de Laura Hillenbrand
Producción: Gary Ross, Kathleen Kennedy, Frank Marshall y Jane Sindell
Música: Randy Newman
Fotografía: John Schwartzman
Montaje: William Goldenberg
Dirección artística: Jeannine Oppewall
Vestuario: Judianna Makovsky


Ficha Artística

Johnny "Red" Pollar: Tobey Maguire
Charles Howard: Jeff Bridges
Tom Smith: Chris Cooper
Marcela Howard: Elizabeth Banks
George Woolf: Gary Stevens
McGlaughlin: William H. Macey
Annie Howard: Valerie Mahaffrey
Sr. Pollard: Michael O'Neill
Sra. Pollard: Annie Corley
Sr. Blodget: Sam Bottoms


Fecha de estreno en España: 6 de febrero de 2004


Enlaces

- Página Oficial de la Película: www.seabiscuitmovie.com
- Biografía de Tobey Maguire

Fuente: UIP

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